
En los tiempos que corren no es necesario morir en batalla para poder acceder a ese lugar sagrado donde los valerosos guerreros pasan sus noches bebiendo y comiendo, junto a todos sus dioses, esperando para ser llamados a prestar sus armas en la batalla final contra los gigantes.
Todo amante de la buena pizza sabe que ese lugar existe y esta a la vuelta de la esquina.
Perdido en una diagonal no muy lejos del bosque, donde los más astutos dicen que el mismísimo Yggdrasil creció allí una vez, se encuentra esta fortaleza del buen comer.
Quien no tengan el ojo astuto quizás seguirán del largo, o quizás al ver su fachada, o su lúgubre interior, lo confunda con la puertas del Helheim y decidan seguir con su camino. Pero el valeroso guerrero sabe lo que le espera tras sus puertas.
Un horno siempre rugiente, caliente como el mismísimo Muspelheim, donde las valquirias de muzarella, deliciosas, robustas y abundantemente sobrecargadas, se preparan para deleitar a los guerreros, acompañados siempre por esa exquisita hidromiel llamada vulgarmente “Moscato Crotta”. Porciones dignas de un festín nórdico, sobrecargadas de colores, sabores y olores que hacen del comer pizza una experiencia única.
Quien allí entre se sorprenderá al ver al mismísimo Thor, tras el mostrador, esgrimiendo orgulloso su Mjolnir, que haciendo tronar a este sobre la mesa convertirá, a la velocidad misma del rayo, a las suculentas valkirias en porciones listas para ser consumidas por el ocasional guerrero (infaltable figura repetida del lugar) que sentado en la barra y brindándole a Odín, se sumerge es sus pensamientos para luego retomar con su marcha, o para ser servidas en las largas mesas de guerreros impacientes por pegarse merecido festín luego de la, a veces, larga espera de las mismas. Otras tantas se preparan, en perfecta formación, aguardando a salir en sus caballos de cartón, donde arribaran a algún festín lejano, al compás de la música de Wagner.
Un lugar recomendado para todo aquel digno guerrero moderno. Un lugar al que toda persona debería pasar y experimentar lo que es estar realmente entre dioses.
Por mi parte, siempre que pueda, allí estaré, disfrutando de un merecido festín y expectante del canto de Gullinkambi, anunciando el Ragnarök y el fin de todo los tiempos.
2 comentarios:
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Cuando mi viejo era joven (por los 70´s) trabajaba en la YPF de la esquina de Bacci. Se alimentaba a diario allí y era el único lugar en el mundo donde se sentía como en su casa a la hora de comer. Nos traspasó con los años su cariño a ese lugar y la gloriosa pizza de espinaca. Apreciamos profundamente que uno pueda tomarse la cantidad de Moscato que quiera y te cobren sólo eso; que las tablitas tengan agujero en el medio, que las servilletas sean papeles de rotisería cortados y ensartados en un pinche, que el mozo sea el mismo,para todos, para siempre. Viva Bacci!!!
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