jueves, 29 de septiembre de 2011



Fui designada para elegir un lugar. Finalmente, consensuamos centro basko.
- y no vasco, como estaría bien tentada a escribir-
Expectativas altas, hambre de moderado a alto.

Una corazonada en la carta: besugo a la baska. Y eso que es de esas cartas que podrían confundir a cualquiera porque rebalsan de opciones, aturden de opciones.
Besugo, pensé, es como Sartre acercándose a besarme con sus labios regordetes y azules, así sería el pez, pensé. Nunca antes comí besugo en mi osada vida gastronómica.
Cuando llegó, yo estaba volviendo e iba acercándome a la mesa y viendo, sí, lo han traído con cabeza. Y lo miré al ojo. E intenté comerlo. Debí taparle el ojo con la mano, para comer con la otra. Pero igualmente se me hacía feo.


El mozo vino a llevarse la cabeza y el espinazo del ser que tenía al plato.
Allí empezó otra lucha, la de las espinas, la del temor a morir ahogada con una de ellas. Si alguna vez rehuí del pescado de niña, la razón no era otra que esa.
Comí con poca pasión. No sé decir si era el plato o el shock pero comí indigestada.
El vino -eran todos mendocinos- tenía el nombre del garca de Roca. No me pareció la gran cosa, pero a pesar de su nombre era amable y el paladar le sabía dar las gracias.
Al final, quise sacarme el sabor animal de la boca, y me pedí el clásico: frutillas a la crema. No es difícil errarle ahí, a lo sumo la crema o las frutillas muy feas, pero todo estuvo bien excepto el apuro de mis acompañantes.
Lo que me dio pena de verdad fue dejar la copa llena de champagne -gratuito-. Estas cosas ya no se ven. Volvería sólo por eso y lo pediría decapitado, así no sufro yo porque él de todos modos ya sufrió.



I izendatu zuten leku bat aukeratzeko. Azkenik, adostutako zentro Bask.
- Eta ez euskaraz, bai tentazioa izango litzateke idatzi-
Goi itxaropenak, handiko moderatua for gose.

Just a gutunean hunch: Bask gorria bisigu. Eta hori duten txartelak inor nahas liteke aukera gainezka, aukera delako stunned bat da.
Bisigua, pentsatu nuen Sartre zure ezpainak plump eta urdina musu to hurbiltzen den heinean, arraina litzateke, pentsatu dut. Inoiz nire aurretik itsasoa ausarta bisigua jaten gastronomia-en bizitza.
Zenean iritsi nintzen eta gidatzeko zen taula hurbiltzen ikusten eta, bai, bere burua ekarri dut. Eta begiratu begiaren dut. Eta jaten saiatu naiz. Bere begi estaltzeko bere esku batekin besteari jan nuen. Baina berdin itsusia nintzela.
Zerbitzaria etorri zen burua hartu zuen eta plater bizkarrezurra behar denean.
Hemen hasi zen beste borroka, arantza, eta horietako bat drowning beldurra. Zara inoiz arrain bada txikitu haur bat bezala, zergatik none baino beste izan zen.
Grina gutxirekin jaten. Ezin dut kontatu zuen shock plaka badu baina ate edo indigestible.
Ardo-Mendoza izan ziren guztiak Rock Garces izena. Ez dirudi aurre handi bat, baina bere izena zen arren errespetatzen eta ahosabaia dastatu eskerrik asko.
Azkenean, off hartu animaliaren ahoan dastatu nahi nuen, klasiko eta marrubiak agindu zuen I kremarekin. Ez da zaila errarle dago, marrubiak onena krema edo oso itsusia da, baina dena zen nire laguntzaile fin de arazorik izan ezik.
Zer sentitzen dut benetan sentitzen zen beira xanpaina-free beteta utzi. Gauza horiek jada ez dira ikusten. Litzateke eskatu eta beheaded, eta ez dut sufritzen dagoeneko jasan zuen, zeren hala ere.

miércoles, 13 de abril de 2011

La picada, me dice la intuición, es un invento argentino. Me da que sí. Es como abundante y a la vez poca cosa. Como pedante. Como agrandada.
No investigué nada. Espero comentarios letrados que me instruyan en historias gastronómicas. A mí me gusta el morfi. Y del morfi vengo y hacia el morfi voy.
Después de hacer el aguante en una hinchada, una espera salir del estadio y automáticamente acceder a un aroma metonímico que nos anticipe un chori. Si eso no sucede, saldremos rápidamente de Avellaneda y aterrizaremos en EL TONEL.
En EL TONEL solo he comido picadas. Dos veces. Ésta era la segunda. Pero la picada era la misma.
Accedimos gracias a las buenas costumbres de mi cuñado que ha hecho de sus rolas gastronómicas un estilo de vida que devuelve favores. La picada tardo poco o la conversación fue buena. El lugar es horrible. Es barroco, pero de un barroco que funciona por acumulación poco criteriosa de cosas bastante inútiles. Eso que una mamá llama adornos.
Su asquerosa presentación tiene una contraparte feliz, o dos. La picada viene en dos tandas y es importante en variedad y cantidad, y el precio es acorde al bolsillo de una persona austera (para no decir semi-pobre).
La picada es para dos. Pero alcanza para tres de buen comer y capaz entra uno bajito o flaquito o recientemente salido de una hepatitis.
Te dan pancito con mayonesita al principio. Te llenas con eso si venís con la cabeza de chori no conseguido. Te dan picada fría, grasas varias, embutidos varios, papas fritas de las de verdad, escabeches de berenjenas y cebollitas en vinagre del tamaño de "canicas". Te dan picada caliente, pero para ese entonces ya estás bastante exquisita porque te llenaste con los embutidos y ahora te sentís embutida en la ropa.
Pero perfecto. Hay buena onda. Lástima que no trae mondongo.
 

Copyright 2010 Chochos con el morfi.

Theme by WordpressCenter.com.
Blogger Template by Beta Templates.